viernes, 22 de febrero del 2008 a las 23:10
2 de agostoHacia frió, era algo notoriamente extraño. Ese repentino cambio climático había cogido a la gene a contrarié. Jerséis demasiado gruesos y pantalones estúpidamente cortos. En fin esquivando balas con resfriados instantáneos Mou conducía el viejo corbet camino de la parroquia. Todo parecía tranquilo y normal. Estaba relajado, disfrutando del trayecto. Dentro del coche hacia un poco de calor. El aire estaba apagado , pero desde los orificios de ventilación entraba el caliente aire del motor.El viernes no habia llegado el repartidor con l que el lunes no porfía satisfacer el pedido de la señora Harris, cosa que estaba claro iva a recordarle durante mucho tiempo. No era nada que no pudiera encontrar por ella misma sin dificultat, perro es mujer erra asi, esperando un fallo por liviano que fuerra para recordarlo hasta el ultimo de los dias de la humanidad. El pedido en cuestion no era mas que un libro de texto que su jovencísima a la par de repelente nieta habia perdido, lo que comfirmaba a su modo dos cosas una. Esa niña nunca seria una gran estudiante y dos la idiotez es de forma definitiva he irevocable genetica. Perdido en sus pensamientos la vio solo fue un momento, pero la vio. Como si el tiempo no hubiera avanzado, como si alguien hubiera detenido la imagen ahí estaba de pie. Rosaline Wilkins estaba abriendo la puerta de casa de sus padres. Debían haber pasado unos veinte o treinta años desde que esa mujer había cerrado esa puerta y ahora en ese preciso instante, tanto tiempo después la puerta volvía abrirse.Rosaline llevaba unos vaqueros oscuros de marca, gastados escasamente ceñidos, unas zapatillas de color negro, y un jersey de cuello vuelto. El jersey era de color azul marino, también gastado destacaba porque era evidentemente desmesurado respecto a su pequeña constitución. Le bailaba de los hombros. Daba la impresión de ser un jersey de hombre. Pero de que hombre? Se interrogaba Moe mientras aminoraba la marcha casi inconscientemente.En los aledaños al pequeño jardín que conducía a la casa de los Wilkins no se apreciaba ningún vehículo. Por lo que rápidamente dedujo que Rosaline debía haber llegado en taxi.El coche prosiguió su marcha Moe aun estuvo por un rato mas delante de la puerta. Cuando la distancia ya era bastante considerable, no pudo mas que volver a centrarse en su dirección.Era domingo con lo que los coches de los feligreses se agolpaban en las inmediaciones del templo. Filas y filas de automóviles. Destacaban por numero los monobolumenes familiares y por estilismo la ranchera de Tom. La ranchera de Tom destacaba o quizás es mas exacto afirmar que sobresalía no tan solo por su envergadura. A todas luces imponente, sino mas bien por lo sutil de su decoración. Un inmenso Cristo crucificado coronaba el capo de aquel monstruo con tracción a las cuatro ruedas. Debajo de aquella imagen adornada con todo lujo de detalles rezaba las frases: "believe in Jesús". Ahí gente que no esta sobria mas allá del interludio de tiempo entre que se levanta y estira el brazo ahí gente que tiene ese coche, el mundo es un lugar curioso. Aparco el coche con cuidado, lo hizo de espaldas, para que después la salida fuera mas cómoda, mas fácil pero sobretodo mas rápida. En esta vida nos encontraremos en lugares donde uno sabe que tiene que estar poco tiempo, es un cuestión de supervivencia. Pues bien el parking de una iglesia es sin duda uno de ellos.Desde el día en que salio del hospital moe había ido cada segundo domingo de mes a la iglesia presbiteriana. No se había saltado en veinte años ninguno. No era una promesa ni nada por el estilo, era mas bien algo a lo que agarrarse, una rutina auto impuesta, tan irreal como una dieta o una tabla de ejercicios pero con el balsámico efecto de anclar a uno en un lugar, no un espació sino mas bien un reducto de realidad. Mismas caras, mismas palabras, mismos miedos. Nada en aquel lugar por extraño que pueda parecer podía asustarlo. Quizás es mucho mas de lo que podía ofrecer el resto de las calles de echo así era.Era curioso que Rosaline hubiera vuelto precisamente ese día. Un domingo, el segundo domingo de agosto. De no ser así es posible que se hubiera percatado de su presencia en el barrio. El echo es que para llegar a la iglesia presbiteriana Moe siempre pasaba por delante de la casa. La casa de los Wilkins no entraba en la ruta, no al menos en el camino mas racional, pero era un punto auto impuesto por Moe en su curioso ritual. Normalmente pasaba ignorando, o sin prestar el mas mínimo interés en la casa, aunque el echo es que siempre pasaba por delante. Siempre en su camino al templo el segundo domingo de cada mes.