viernes, 22 de febrero del 2008 a las 23:06
13 de Enero del 2000Piotr Alexéievich poseía las facciones suavemente definidas, angulosas y marcadas de una forma armoniosa. Sus ojos eran de un color oscuro, marrón, de mirada penetrante y profunda. Sus facciones coincidían en una armoniosa paz. Pese a lo coherente de sus formas Piotr no era un hombre especialmente atractivo. Era alto y corpulento contaba con unas grandes espaldas. Sus hombros pese a lo elevado de su volumen daban una sensación de pesadez y cansancio, creando la sensación de ver unos apéndices apunto de desfallecer. Su tronco se mostraba con facilidad encorvado, escorando el Angulo de un porte que por envergadura debería parecer sin duda imponente. Estaba de pie frente al espejo retrovisor de uno de los inmensos camiones mientras deslizaba suavemente la cuchilla por su barbilla podía ver como su pelo se fundía con la nieve sucia del suelo. Hacia bastante tiempo que no se afeitaba, al menos desde que lo habían destinado a Grozny eso fue un poco antes de que empezara la navidad. Hacia un par de días que había vuelto a nevar. La ciudad y sus habitantes habían sucumbido ya al cansancio, al frió y al asco. De esta forma se doblegan los enemigos en las guerras, es una batalla diaria por eludir la vergüenza y la degradación humana. Esa era una aportación, una clave para no olvidar lo sucedido para anclar su alma en un paraje conocido. Lo había anotado en su pequeño cuaderno azul hacia un mes, era su ultima anotación. Por aquel entonces la ciudad no había caído aun. Cerro el cuaderno y lo devolvió al pequeño bolsillo interior de la chaqueta. Ajusto la cremallera tenia frió, los dientes le rechinaban Entonces se volvió, empezó a reconocer su alrededor al recorrer con la mirada perdida, vio la fila de vehículos alineados en filas, a los cientos, miles de hombres hacinados o atareados moviéndose entre las tiendas. Miro a lo lejos, algunos edificios aun permanecían humeantes, con las fachadas enmohecidas testimonio aun del fuego que en ellas se había desatado. Era curioso porque veía sus compañeros pero ninguno parecía verle a el. Aquellos que se movían lo hacían de una forma autómata casi artificial los que permanecían quietos lo hacían en un riguroso silencio. Entonces se percato de él, el silencio, su ausencia había marcado de alguna forma su estancia en la región y ahora regresaba. Podía ser una señal del final, una marca de que todo había terminado.Pensó en apuntar ese nuevo dato en el cuaderno azul, pero estaba demasiado cansado y tenia demasiado frió. Se quedo de pie junto al camión suspendido en el tiempo junto aquellos hombres y aquella ciudad.